Música más o menos celestial

Querida mía:

Amor de mis amores, alma mía… (espera, espera, que esto suena a letra de María Dolores Pradera que te vas por la patilla pa’bajo. Mejor empiezo otra vez).

Querida mía:

Lo siento mucho: la vida es así, no la he inventado yo… (buf… ¿esto no lo había cantado ya Sandro Giacobbe? A ver si a la tercera).

Querida mía:

Perdóname por todos mis errores, por mis mil contradicciones, por las puertas que crucé… (¡Pero si esta es de Amaral! Bueno, mira, ya está bien).

Querida mía:

Como se me han acabado los papeles y sólo soy capaz de escribirte letras de los grandes éxitos de Cadena Dial, te voy a contar lo que ha pasado y luego tú, ya si eso, ves si me perdonas o me pones la maleta en la puerta. Tú misma.

In the streets of Barcelona

Como sabes, la semana pasada estuve en Barcelona ¿Recuerdas que te lo conté? Sí, mujer, que te dije que tenía la misma estampa que Paco Martínez Soria recién llagado a Madrid en “La cuidad no es para mí”. Pues eso. Que allí estábamos mi compañero Julián y yo, en Sants, cogiendo un taxi para ir a un hotel que en realidad estaba a quinientos metros.

El caso es que hay una parte del viaje que no te he contado. Vale, de acuerdo por ti como si no te cuento ninguna, que ya sé que lo que te digo te interesa lo mismo que un telediario regional de Laponia. O menos.

Pero, de todos modos, te lo voy a contar, a ver si eres capaz de perdonarme y yo de aliviar mi conciencia. O al menos a ver si reaccionas, que últimamente sólo demuestras que estás viva cuando vas a clases de inglés con ese tal John, o Tom o como se llame el guaperas cachas ese que me has dicho que es gay.

Crazy, crazy nights

El caso es que Julián que, además de ser el informático de la casa, es más joven y juerguista me propuso tomarnos unas copas. Mira, la idea no era mala… Si conociéramos la ciudad. Ante tal objeción, el tipo se saca del bolsillo un teléfono de esos con internet (a ver si me compro uno y tiro ya el ladrillófono) y me dice que ha estado echando un vistazo a las posibilidades en la red.

“Bueno nada que objetar, entonces”, tuve que conceder para no quedar como un cruce de seta y cactus. Decidimos que él invitaba a taxi si yo invitaba a la primera copa (un poquito tonto sí que soy). Total que nos llegamos a la calle Rector Ubach. Sí: sé que el sitio no te dice nada, como a mí hasta no hace mucho.

Welcome to the jungle

Entramos y… ¡Ay! Julián se partía de risa: se ve que ya había reservado los servicios de dos de las chicas de esta página, porque, como supe luego, sólo se pueden concertar los servicios de estas escorts vía teléfono o correo electrónico.

Yo no quería. De verdad que no. Como La Vie en Rose es un bar de copas que sólo ofrece espacios por si quieres irte con alguna de las chicas, pensé en tomarme una par de tragos en lo que él iba a lo suyo. Que se montara un trío. Allá él…

… Pero no pude. Cuando me presentó a esa tremebunda mujer, se me cayó todo menos lo que debería habérseme caído: se me derritió el hielo de la copa y se me solidificó todo lo demás cuando vi que el único allí que tenía bigote era yo.

Stairway to heaven

Me dije que, bueno, que un achuchoncito rápido, con la luz apagada y sin desnudarme del todo se podía considerar falta leve. Pero luego, camino del reservado, con esas caderas como la suspensión de un todoterreno en una pista forestal, abandoné toda esperanza.

Ya en la habitación, el lujo me hizo olvidarme de todo lo demás… ¡Si hasta me podía tomar un cafecito preparado en la cafetera de la habitación!… “¡No! –me dije- ¡Resistiré! Erguido frente a todo”.

Luego me di cuenta de que: uno: aquello era la letra de una canción de El Dúo Dinámico. Dos en aquella habitación había tres cosas erguidas que me indicaban que por mucho que me irguiera yo, no iba a poder resistirme: una, en el epicentro mismo de mi anatomía.

Wild thing

Las otras dos, dos pezones que me miraban a los ojos, desafiantes, como diciendo “¡No hay cojones!”. Y, claro, ya sabes cómo es esto: basta que a un tío le digan que no tiene atributos para que se ciegue y embista como un toro, así tenga delante una pared de granito. Y claro, lo que yo tenía delante no era precisamente una pared, aunque reconozco que, como dura, la chica estaba más dura de lo que mis manos acostumbran a tocar…

En fin que me he dado un homenaje, que me arrepiento, pero que hay gustos que merecen palos. ¿Me perdonas? Bien. ¿No? Pues ahora cambio emisora y te digo de “Start spreading the news, I’m leaving today (…)” Sinatra dixit.